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Qué visitar del patrimonio: la calzada romana del puerto del Pico

La calzada del puerto del Pico es un camino usado desde tiempos antiguos para comunicar las dos submesetas. Presumiblemente era transitado ya por los vettones (pobladores prerromanos del centro peninsular). Pese a nombrarse como calzada romana e incluso mantener una coherencia constructiva romana en su trazado y estructuras, que la construyeran los romanos es un hecho muy discutido. Esto no le resta importancia histórica ni arquitectónica a una vía que conoció su máximo esplendor a partir de su uso como Cañada Real para el paso trashumante de los ganados de la Mesta.

Paso de ganados trashumantes

La tradición de la trashumancia se mantiene con alfileres, pese a las dificultades que entraña realizar a pie y durante dos semanas los entre 250 y 300 kilómetros del trayecto que separa las comunidades extremeña y castellano-manchega de la provincia de Ávila.

Por eso, no es de extrañar que, de las 40.000 reses que realizan la trashumancia, en torno al 25-30 por ciento la realicen andando, mientras que el resto retorna a los agostaderos en camiones. Y es que la trashumancia tradicional es más barata, pero tiene el inconveniente de que se tarda más tiempo, además de precisar un equipo de cinco vaqueros por vacada -300 reses-, mientras que, en camiones, aunque encarece los costes, permite que el traslado se realice en dos días.

Entre el 10 y el 25 de junio es cuando se produce el regreso a
los agostaderos, mientras que en noviembre se realiza la
trashumancia en sentido inverso, hacia tierras más cálidas,
para pasar el invierno.


Paradas interpretativas

Para conocer la calzada romana te proponemos recorrerla comenzando en Cuevas del Valle y realizar las siguientes paradas interpretativas (textos de Nuria Blázquez):

Parada 1: Engánchate al pueblo del gancho

Los vecinos de Cuevas son conocidos en los alrededores como "los del gancho". Y es que, según cuentan las malas lenguas, los covacheros tenían la costumbre de atrapar alguna de las miles de ovejas trashumantes que pasaban por aquí con la ayuda de un gancho.

Hay quien dice que ese gancho persiste hoy, y que atrapa a los visitantes que llegan a este pueblecito con la belleza de sus calles y paisajes que son ahora para ti el inicio de la ruta mil veces repetida por hombres y ganados trashumantes.


Parada 2: Empezar con buen pie

Desde antiguo, los pastores han invocado la ayuda de San Antón, patrón de los animales. No es de extrañar, pues, la presencia de esta ermita dedicada a él a la vera de la cañada, justo cuando empieza lo más duro del ascenso al puerto del Pico.

Estos viejos muros guardan tantas plegarias como sones de cencerros, y son testigos mudos del paso secular de ganados, arrieros y caminantes... como tú, que te aventuras puerto arriba: dile algo a San Antón, cualquier ayuda es buena.


Parada 3: La Venta del Granizo. Un alto en el camino
Has llegado a un rodeo, un espacio en el que contar el ganado, dejar que se alimente y que descanse. Pero además, hasta hace unos años los pastores podían comer y descansar en la casona que tienes frente a ti, la venta del Granizo, hoy casa particular. Puede ser un buen sitio para tomar aire antes de continuar tu subida.
Parada 4: Pequeñas capillas en la calzada

Esta calzada ha sido siempre un camino importante, y gracias a eso goza del buen empedrado que vienes pisando. No solo eso, además hay algunas construcciones interesantes más ocultas, como el puente románico sobre el que estás. Te invitamos a verlo desde abajo, para que puedas admirar su perfecta construcción, que asemeja a una capilla.

A medida que subas podrás ver otros tres puentes como este, además de 17 alcantarillas. Y al final del recorrido te sorprenderán unos monolitos de piedra, que seguramente sirvieron para indicar el camino en los días nevados.


Parada 5: Buen tiempo todo el año

La vía pecuaria por la que caminas es la Cañada Real Leonesa Occidental. Una cañada que recorre 700 kilómetros, desde el norte de León hasta el sur de Badajoz. Recorriendo estos kilómetros se puede gozar de una temperatura agradable todo el año: inviernos extremeños y veranos serranos.

Esta inteligente opción es la que han elegido siempre los trashumantes. En tu recorrido, aunque mucho más corto, también podrás comprobar un gran cambio de temperatura. Disfrútalo.


Parada 6: Otros viajeros de la cañada

Aquí parte un cordel, una vía pecuaria de menor entidad que comunica la Cañada Real con Villarejo del Valle. Este camino, más que por trashumantes, era frecuentado por arrieros.

Los arrieros subían vino, aceite y fruta en sus carros, tirados por mulas o burros hacia el norte de la provincia, donde abunda el cereal pero el frío impide cultivar estos productos. De allí bajaban grano, para molerlo en las decenas de molinos del Barranco de las Cinco Villas.


Parada 7: Conservamos las especies protegidas

Si miras hacia el sur verás el valle del Tiétar. Allí se extienden las primeras dehesas. Son los pastos de invierno o extremas de los trashumantes. En el pasado, estos encinares eran más tupidos. Pero el hombre observaba que los árboles, ramoneados por vacas y ovejas, lucían un tronco limpio junto a una copa más amplia y copiosa de bellotas. Así empezó a aprovechar las leñas, a compartir el fruto con los animales domesticados.

Sin ser consciente, creó a la vez el adehesado: el ganado se alimentaba entre el arbolado e iba creando huecos. Estas dehesas soportan una buena proporción de la biodiversidad española y albergan especies tan emblemáticas como el águila imperial, el buitre negro y la cigüeña negra.


Parada 8: El chuletón de Ávila pasa primero por aquí

La vaca negra avileña produce la auténtica ternera de Ávila. Sí, sí, la del famoso chuletón. Es una raza muy resistente, capaz de caminar durante días y soportar las duras condiciones de la sierra de Gredos. Pero solo hasta principios de diciembre: para entonces, la sierra se cubre de blanca nieve y los pastos se secan. Entonces, las vacas, retornan a la cálida Extremadura recorriendo este mismo camino.

En esas tierras del sur encontrarán de nuevo pastos de tan alta calidad como su carne. Allí permanecerán hasta finales de junio, cuando vuelvan a estar a punto los pastos de la Sierra.


Parada 9: Para no perderse

Seguramente ya te hayas fijado en estos grandes monolitos de piedra que bordean el camino. Sirven para señalar la ruta cuando la nieve cubre la calzada. Si observas el punto donde ya no aparecen, encontrarás el límite de las grandes nevadas.

Fíjate en que a partir de allí ya no hay bosques y la vegetación es muy distinta. Y poco a poco baja la temperatura. Cada vez están más cerca los prados verdes en verano que buscan los trashumantes.


Parada 10: El viaje no era gratuito

Si te fijas bien en el edificio en ruinas junto al que has parado, podrás comprobar que no era una choza de pastores, sino un edificio notable. Es el Portazgo, el lugar donde se cobraban los tributos por el paso de ganado.

Esta idea se le ocurrió a Alfonso X "El Sabio", que sabía que era más fácil cobrar impuestos al ganado que a las personas. Pero compensó en gran medida a los ganaderos creando el Honrado Concejo de la Mesta, entidad que defendía los derechos de los pastores y gozaba de grandes privilegios.

A quien nunca pudieron cobrar fue a las cabras montesas, que todavía hoy pasan por aquí con mucha frecuencia.


Parada 11: Pasto verde en tiempo seco

Observa la hierba que tienes bajo tus pies. Si la tocas probarás su aspereza. Es el cervuno, un buen alimento para el ganado. Sobre todo en verano, cuando la mayoría de los pastos se han secado, y éste permanece verde.

Precisamente es eso, pasto verde, lo que siempre buscan los ganaderos.


 Calzada romana (pdf)

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